Estadísticas, la ICAR, la Apostasía y el Hábeas Data
Este artículo forma parte de Las Religiones del Mundo
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El apostatar, para los que fuimos "adheridos" al Catolicismo sin nuestro consentimiento (vale decir, como casi siempre ocurre, a través del sacramento del Bautismo, el cual en los países latinos se da mayormente dentro del primer mes de vida), no debería ser siquiera un derecho por el cual tengamos que peticionar, sino una facilidad automática con la que contemos y por la cual no debiéramos preocuparnos.
La ICAR, como toda institución (porque a los fines del Derecho Internacional; de los DDHH y civiles no es otra cosa que eso), debería ajustarse sin más, por defecto, en forma automática, a lo que dictan las respectivas normativas sobre la privacidad y propiedad de datos.
En casi todos los países civilizados, existe el concepto de Hábeas Data (concepto jurídico derivado del célebre hábeas corpus = "que tenga tu cuerpo" o "que venga a mí el cuerpo") y cuya noción es la idea de que todos tenemos derecho a acceder a nuestros datos, modificarlos, corregirlos, actualizarlos y/o eliminarlos de cualquier registro o base de datos, ya sea esta estatal, privada o de cualquier otra clase). Léase: "Qué vengan a mí los datos...".
En España y Argentina, por ejemplo, rigen respectivamente las leyes:
+ Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal
+ Ley 25.326 de Octubre de 2000 de Protección de los Datos Personales
Que amparan el derecho mencionado y lo elevan a la categoría de constitucional.
Existen razones políticas, económicas, sociales, éticas y confesionales de peso y gran significación para promover la apostasía (formal) de todos aquellos que alguna vez fueron miembros de la ICAR y por una u otra razón dejaron de serlo.
Entre las políticas y económicas, están las que (muy acertadamente) mencionó Rubén (msg #20987): El poder de bases ficticias que detenta la ICAR al pretender tener una masa de fieles mucho mayor a la real; la asignación de recursos por parte de los estados (como el Argentino) en donde todavía se mantienen "religiones oficiales" o de los seculares que asignan recursos proporcionales a todas las instituciones confesionales, según sea el status demográfico de sus fieles.
Pero también existen otras cuestiones:
El Derecho Humano (Universal) de profesar libremente el culto, abarca también el concepto de que cada quien tenga la libertad, el derecho y la oportunidad de ser reconocido por su verdadera fe o falta de ella, por sus verdaderos signos religiosos o seculares.
El Artículo 18 de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" (DUDH) de la ONU, dice:
"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia."
Para más datos, véase:
http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm
Si a una persona se le endilga una religión que no tiene, ya sea a nivel burocrático, jurídico o simplemente social, se está vulnerando el derecho mencionado. Esto no solo constituye un atentado contra el Estado de Derecho, sino que es una falla ética inaceptable en cualquier país democrático y moderno.
Pero finalmente está el hecho humano y el sentir de cada uno: Por ejemplo, Eliseo siente orgullo de ser ateo; Rubén lo siente de ser un cristiano no-denominacional, así como yo lo siento de ser pagano, etc... Para mí, así como para todos aquellos que profesan una creencia (o falta de ella), cualquiera sea esta, es una afrenta el que una organización corporativa mundial, usando su titánico poder a veces por medios legales y a veces no tanto, mantenga el status quo en vez de actualizar sus datos y reconocer que muchos NO SOMOS, NI QUEREMOS SER miembros de su colectivo. (Y, por supuesto, no queremos figurar como algo que no somos en ningún registro, tenga este la finalidad que fuere).
Por otra parte, poniéndonos más académicos y científicos, al analizar las distorsiones que se generan a nivel de las estadísticas, de los estudios sociológicos y de las subsecuentes conclusiones erróneas que se producen a partir de censos errados o carentes de datos, de registros falsos o ambiguos, etc...
La ICAR basa el número de sus fieles en el recuento de cada diócesis respecto de los bautizados. Si la defunción de los mismos no se registra por medios eclesiásticos (lo que generalmente no ocurre en los casos de conversos a otros credos, de quienes se vuelven ateos o de quienes, simplemente, abandonan a la ICAR), como ha dicho Rubén, quedan por mucho tiempo registrados como "vivos".
Así que el número total de católicos que figuran en la gran mayoría de los datos sobre confesiones, creyentes y religiones, suma a los católicos practicantes reales, a los que abandonaron la práctica, a los que apostatamos de hecho y todavía vivimos y a unos cuantos de nosotros (de apóstatas) ya fallecidos.
Es muy curioso como en los dos últimos censos hechos en Argentina (aquí se hacen cada 10 años y debido a la crisis económica de comienzos de los 2000 el respectivo no se llevó a cabo), no se preguntó sobre la religión de las personas. Algunos burócratas aludieron a que incluir esa pregunta era discriminatorio, lo cual es totalmente ridículo habida cuenta que los censos no conllevan la identificación de cada sujeto, sino la recopilación de datos estadísticos.
En esos dos censos, la ICAR hubiera tenido que aceptar que en vez del 90 y tantos por ciento que siempre pretendió tener de fieles sobre población en mi país (y que quizás mantuvo hasta los años '50s o '60s), progresivamente ha bajado a no más del 40%, quizás el 50 (si se incluyen aquellos que se autodenominan "católicos" por costumbre o inercia cultural pero que hace 20 años que no pisan una iglesia).
Desconozco como se manejan otras iglesias cristianas en los países anglosajones o eslavos, donde respectivamente predominan los protestantes y ortodoxos, pero en América Latina, la manipulación de los datos y la violación al concepto de Hábeas Data que la ICAR lleva a cabo de manera rutinaria, es vergonzoso.
Etiquetas: Apostasia

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